La caída del imperio azteca: un colapso forjado en alianzas y enfermedades

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El Imperio Azteca, que dominó el centro de México a principios del siglo XVI, cayó notablemente rápido después del contacto con los europeos. Las razones detrás de este colapso no son simplemente una cuestión de conquista española; más bien, una compleja interacción de guerras, enfermedades y, fundamentalmente, alianzas cambiantes con grupos indígenas que ya estaban resentidos por el dominio azteca.

La llegada española y las primeras alianzas

En 1519, Hernán Cortés desafió las órdenes de Cuba y encabezó una expedición tierra adentro desde Vera Cruz. Este no fue un esfuerzo en solitario. Cortés buscó y recibió activamente el apoyo de numerosas comunidades indígenas que habían sufrido durante mucho tiempo bajo las demandas de tributos y la brutal práctica de sacrificios humanos del Imperio Azteca. Estos grupos veían a los españoles no como libertadores, sino como socios potenciales para derrocar a un régimen profundamente opresivo.

Los aztecas controlaban un vasto territorio mediante la fuerza y la extracción. Muchos pueblos conquistados estaban ansiosos por liberarse y Cortés aprovechó este descontento. Esta alianza resultó fundamental: sin miles de guerreros indígenas luchando junto a los españoles, la conquista de Tenochtitlán habría sido mucho más difícil, si no imposible.

Escalada y violencia en Tenochtitlán

Inicialmente, a Cortés y sus aliados se les permitió ingresar a la capital azteca, Tenochtitlán, con relativamente poca resistencia. Contrariamente a algunos mitos, no hay evidencia creíble de que los aztecas confundieran a Cortés con un dios que regresaba. Sin embargo, la situación se deterioró rápidamente. En 1520, mientras Cortés estuvo temporalmente ausente, las tropas españolas al mando de Pedro de Alvarado masacraron a los nobles aztecas durante una fiesta religiosa, lo que provocó un levantamiento a gran escala.

La posterior retirada española, conocida como La Noche Triste, fue un sangriento desastre para los europeos. A pesar de las grandes pérdidas, Cortés se reagrupó y regresó con fuerzas indígenas aún mayores, listas para un asalto final.

El arma silenciosa: la viruela

Si bien el armamento y las armaduras españolas superiores influyeron, el factor más devastador fue la introducción de la viruela. Esta enfermedad del Viejo Mundo nunca había estado presente en América y se extendió rápidamente por el densamente poblado Imperio Azteca. La epidemia mató a innumerables personas, incluido el emperador Moctezuma, incluso antes de que comenzara el asedio final.

Los aztecas fueron diezmados no sólo por las batallas, sino también por un arma biológica contra la que no tenían defensa. Esto debilitó sus estructuras militares y sociales hasta el punto de colapsar.

El asedio final y el legado

Después de un brutal asedio de 75 días, Tenochtitlán cayó en agosto de 1521. La ciudad fue sistemáticamente destruida y reconstruida como Ciudad de México, la nueva capital de la Nueva España. La caída de Tenochtitlán marcó el fin del dominio azteca y marcó el comienzo de una nueva era de dominio español.

El colapso del imperio no se debió sólo a la fuerza militar; se trataba de explotar las tensiones internas existentes y desatar una enfermedad que destrozó a la sociedad azteca desde dentro. Esta brutal combinación aseguró una victoria rápida y decisiva para los españoles y sus aliados indígenas.